RR.SS. >
RR.SS. >

Incluso si hablas el mismo idioma, es fácil malinterpretar y ser malinterpretado si no estás familiarizado con los matices culturales o coloquialismos de cada lugar.

Recuerdo que cuando me mudé de Venezuela a Chile, me llevó al menos tres semanas aprender el español chileno antes de poder entender completamente lo que me decían. Y aun así me llevó varios años familiarizarme realmente con sus costumbres y cultura para no sentirme como una turista.

Aquí en Taiwán… todavía me queda un largo camino por recorrer, sigo sobreviviendo a base de sonrisas, muchos errores, lenguaje de signos y traductores de Internet.

Muchos días hago lo que haría cualquier profesor de yoga: ser humano. ¡Me entra el pánico! Y entonces… pongo en práctica que el yoga no es solo para la esterilla.

Exhalo, inhalo y vuelvo a exhalar tanto como puedo. Luego repito el proceso, mientras noto si el resto de mi cuerpo está rígido e intento relajar la mandíbula.

Pero, sobre todo, intento practicar la no violencia, primero evitando hacerme daño a mí misma con juicios o remordimientos y luego con el resto del mundo, porque meterme en problemas con la ley sería un error de juicio.

Me recuerdo a mí misma que estoy a salvo. Estoy haciendo lo mejor que puedo, y eso es el yoga: el momento en el que te detienes y eliges la presencia por encima del pánico, incluso si te das cuenta de que no va a funcionar de inmediato; el instante en el que te relajas ante la incertidumbre y recuerdas quién eres.